
Pocas veces me he sentido tan insultado. Pocas veces he visto tan menospreciada mi capacidad de raciocinio y mi limitada inteligencia. ¿Por qué? Muy sencillo. Desde hoy, según nos informa el diario Público (gracias), el patrimonio de los diputados de las Cortes Valencianas es, valga la redundancia, de conocimiento público.
Al menos debería de serlo. Y es que, si no fuera por la gravedad del asunto, sería para echar unas risas. Según los datos publicados en el Boletín Oficial de las Cortes Valencianas, el Patrimonio del presidente Francisco Camps (PP). Sí, el de los trajes, ese mismo sobre el que existen sospechas de supuesta implicación en varios casos de corrupción…. Pues ese pobre señor que lleva las riendas de la Comunidad Valenciana declara tener un patrimonio sensiblemente inferior al de cualquier currela sometido a diversos EREs y con familia numerosa a su cargo. En concreto, afirma que su patrimonio se reduce a un inmueble valorado en 110.339, 26 euros (18 millones de las antiguas pesetas), una cuenta corriente con 905 euros (150.579 pesetas) y otra cuenta compartida por importe de 1.389 euros (231.110 pesetas). A eso hay que sumar un coche de 15 años valorado en 1.500 euros. ¿Todavía la pasa la ITV?
Vaya, que visto que de dinero anda escaso y que parece vivir en un piso patera, el pobriño de Camps (estoy por impulsar una captación de fondos a través de una cuenta solidaria en el BBVA) cualquier día se presenta en los servicios sociales del Ayuntamiento de Valencia para solicitar las Ayudas de Emergencia Social o una plaza en un piso de acogida.
Pero no sé si logrará rascar algún eurillo con el que remontar su precaria economía porque las cosas no parecen ir muy bien por la capital del Turia. De hecho, la sempiterna alcaldesa Rita Barberá tampoco es que esté muy boyante. La plusmarquista mundial en el uso de laca reconoce disponer de un capital de 295.000 euros en diversas cuentas y planes de pensiones, pero la pobre no dispone de bien inmobiliario alguno y para desplazarse sólo dispone de un vehículo de 21 años (yo pensaba que eso ya se consideraba residuo) así que imagino que será habitual verla viajar en transporte público porque no creo que el coche esté adaptado para usar gasolina sin plomo.
Para los que no crean la versión de Público aquí disponen el Boletín Oficial (se recomienda la consulta de las páginas 82-85 y 126-131)
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