
El 3 de marzo de 1976 quedó marcado a sangre y fuego en la memoria colectiva de Vitoria-Gasteiz y, sobre todo, en las familias de los 5 trabajadores muertos a tiros por las fuerzas de seguridad y en las decenas de heridos de bala que quedaron tirados por las aceras. Hoy se cumplen 34 años de aquellos terribles sucesos. Una efeméride más para comunicados, actos, ofrendas florales y manifestaciones en memoria de los caídos. Una efeméride más para las crónicas periodísticas y los artículos en prensa. Una efeméride más para clamar en el desierto, para volver a pedir, de nuevo, responsabilidades por lo sucedido. Una efeméride más para que blogs como éste coloquen (coloquemos) un enlace a la página web de la Asociación de Víctimas del 3 de marzo. Una efeméride más para el progresismo quedabien, en definitiva.
Pero hoy, 34 años después, personalmente me asalta una duda fundamental: ¿Podría suceder hoy algo así? Y la respuesta es un rotundo NO. Un rotundo NO que no debe hacernos caer en la euforia por los avances conseguidos, sino más bien llevarnos a una profunda reflexión sobre lo perdido, que es mucho. Demasiado.
En aquellos tiempos, meses después de la muerte del fascista, no existían los derechos de huelga, manifestación, ni reunión, los sindicatos eran organizaciones ilegales y, aún así, o quizá por ello, 10.000 personas se acercaron hasta una asamblea de trabajadores. ¡¡¡¡¡10.000 trabajadores reunidos en la Vitoria-Gasteiz de mediados de los 70!!!!. Eran tiempos de lucha, de movimiento, de reivindicaciones. Estaban por conquistar muchos derechos y libertades básicas y muchas mejoras laborales. Y allí estaban miles de trabajadores. De igual a igual. Juntos en las reivindicaciones y dispuestos a jugarse el pellejo, en toda su cruda literalidad.
Hoy tenemos derecho a la huelga, a la reunión y a la manifestación. La población de Vitoria-Gasteiz es muy superior a la de hace 34 años. Los sindicatos son organizaciones perfectamente legales, reconocidas y respetadas como interlocutores. Hoy tenemos elecciones democráticas, libertad… nuestros derechos básicos están recogidos en la Constitución y las leyes y podemos hacerlos valer ante los tribunales.
Hoy, sin embargo, los trabajadores ven cómo se retrasa la edad de jubilación hasta los 67 años, cómo se alarga la cotización necesaria para cobrar una pensión completa, cómo se sube el IVA de los pañales y cómo se bajan los impuestos de las grandes fortunas, empresas y capitales. Hoy es el día en el que las mujeres siguen cobrando menos que los hombres, en el que miles de currelas trabajan horas extras que no cobran y en el que los sueldos son una ruina con la que no se puede pagar una casa. Hoy es el día en el que es imposible compaginar la vida laboral y familiar, en el que se privatizan servicios públicos, en el que crecen los trabajadores sin contrato y en el que algunos partidos y empresarios reclaman insistentemente que se abarate aún más el despido. Hoy es el día en el que el estado hay más de 4 millones de parados. 4 millones de dramas personales y familiares y en el que la temporalidad, la precariedad y la subcontratación son pan de cada día en el mercado laboral.
Sin embargo, hoy es imposible que 10.000 trabajadores se reúnan en las calles de Vitoria-Gasteiz. Ni siquiera el 1 de marzo. Las convocatorias de huelga apenas tienen respaldo, los trabajadores viven atemorizados ante la posibilidad de perder el empleo y tragan con lo que haya que tragar en vez de plantar cara ante los excesos de la patronal y los poderes económicos. Los currelas se enfrentan entre sí y observan con envidia insana las condiciones laborales de los otros cuando son mejores. Incluso piden que se les empeoren esas condiciones como sucede con los trabajadores públicos. La solidaridad entre trabajadores ha dejado paso al sálvese quien pueda, al a mí plan y al que se jodan los de Mercedes ¿qué se creían pues?Hoy, 34 años después, el ejemplo de dignidad y lucha del 3 de marzo ha dejado paso a una colección de fotos en tonos sepia, a un pequeño monolito en Zaramaga y a una manifestación con la que sacar a paseo el miniyo obrero que cada uno llevamos dentro
Pero hoy, 34 años después, personalmente me asalta una duda fundamental: ¿Podría suceder hoy algo así? Y la respuesta es un rotundo NO. Un rotundo NO que no debe hacernos caer en la euforia por los avances conseguidos, sino más bien llevarnos a una profunda reflexión sobre lo perdido, que es mucho. Demasiado.
En aquellos tiempos, meses después de la muerte del fascista, no existían los derechos de huelga, manifestación, ni reunión, los sindicatos eran organizaciones ilegales y, aún así, o quizá por ello, 10.000 personas se acercaron hasta una asamblea de trabajadores. ¡¡¡¡¡10.000 trabajadores reunidos en la Vitoria-Gasteiz de mediados de los 70!!!!. Eran tiempos de lucha, de movimiento, de reivindicaciones. Estaban por conquistar muchos derechos y libertades básicas y muchas mejoras laborales. Y allí estaban miles de trabajadores. De igual a igual. Juntos en las reivindicaciones y dispuestos a jugarse el pellejo, en toda su cruda literalidad.
Hoy tenemos derecho a la huelga, a la reunión y a la manifestación. La población de Vitoria-Gasteiz es muy superior a la de hace 34 años. Los sindicatos son organizaciones perfectamente legales, reconocidas y respetadas como interlocutores. Hoy tenemos elecciones democráticas, libertad… nuestros derechos básicos están recogidos en la Constitución y las leyes y podemos hacerlos valer ante los tribunales.
Hoy, sin embargo, los trabajadores ven cómo se retrasa la edad de jubilación hasta los 67 años, cómo se alarga la cotización necesaria para cobrar una pensión completa, cómo se sube el IVA de los pañales y cómo se bajan los impuestos de las grandes fortunas, empresas y capitales. Hoy es el día en el que las mujeres siguen cobrando menos que los hombres, en el que miles de currelas trabajan horas extras que no cobran y en el que los sueldos son una ruina con la que no se puede pagar una casa. Hoy es el día en el que es imposible compaginar la vida laboral y familiar, en el que se privatizan servicios públicos, en el que crecen los trabajadores sin contrato y en el que algunos partidos y empresarios reclaman insistentemente que se abarate aún más el despido. Hoy es el día en el que el estado hay más de 4 millones de parados. 4 millones de dramas personales y familiares y en el que la temporalidad, la precariedad y la subcontratación son pan de cada día en el mercado laboral.
Sin embargo, hoy es imposible que 10.000 trabajadores se reúnan en las calles de Vitoria-Gasteiz. Ni siquiera el 1 de marzo. Las convocatorias de huelga apenas tienen respaldo, los trabajadores viven atemorizados ante la posibilidad de perder el empleo y tragan con lo que haya que tragar en vez de plantar cara ante los excesos de la patronal y los poderes económicos. Los currelas se enfrentan entre sí y observan con envidia insana las condiciones laborales de los otros cuando son mejores. Incluso piden que se les empeoren esas condiciones como sucede con los trabajadores públicos. La solidaridad entre trabajadores ha dejado paso al sálvese quien pueda, al a mí plan y al que se jodan los de Mercedes ¿qué se creían pues?Hoy, 34 años después, el ejemplo de dignidad y lucha del 3 de marzo ha dejado paso a una colección de fotos en tonos sepia, a un pequeño monolito en Zaramaga y a una manifestación con la que sacar a paseo el miniyo obrero que cada uno llevamos dentro
Y tanto que sí
ResponderEliminar