2010/03/02

Las gafas de Ansar y mi calle Melancolía





Corren tiempos oscuros, muy oscuros. Ahora es más fácil que nunca olvidar que uno tuvo sus principios y preocuparse únicamente de sentar el culo. Podría haberlo dicho de forma más fina, por supuesto, pero no me ha dado la gana. Decía Eulibeltz que los seguidores de la gaviota se multiplican de forma inconmensurable. No por ideas, ni quizás por falta de ellas, exclusivamente para labrarse el porvenir.
Yo que soy de la estirpe de los perdedores, dicho sea esto con orgullo, y cuando veo tantos número rojos se me ponen los pelos de punta como a cualquiera, no tengo sin embargo otra cosa que ideales. Algo tan absolutamente desfasado que incluso a mí se me olvida si servían para algo. No, no preocuparse, no voy a entonar la Internacional.
Se trata de lo que se trata, de que al mirarnos al espejo no se nos caiga la cara de vergüenza. Afortunadamente hay quienes tenemos algo de eso, no como el señor Ansar que se cree un machito alfa ( lo digo por el tamaño y por las Ray Ban) y va levantando el dedo en vez de ponérselo en la boca. No lo puedo evitar es el tipo de persona que me hace recordar lo poco que han cambiado las cosas, lo lejos que estamos de todo. Lo que iba a ser la mierda que ha sido.
Así que vale lo reconozco. Sigo viviendo en la calle Melancolía, pero no me pienso mudar.

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