
A partir de mayo los fabricantes de tabaco deberán tunear sus cajetillas por imperativo legal. Además de las habituales consignas del tipo “fumar puede matar” y otros amenos mensajes a los que ya estamos acostumbrados (¡qué remedio!), los estuches de cigarrillos lucirán desagradables imágenes que mostrarán descarnadamente los efectos nocivos del tabaco.
Cadáveres a la espera de la autopsia, bocas y dientes ennegrecidos, pulmones colapsados o primeros planos de tumores serán la principal pincelada decorativa que lucirán los paquetes. Vaya, toda un homenaje al buen gusto.
No tengo muy claro qué es lo que aporta esta medida. Los fumadores saben (sabemos) de los efectos nocivos del tabaco. No es necesario que nos enseñen un tumor en el paquete para que sepamos que puede producir cáncer. Sin embargo, creo que se trata de una medida más del buenrollismo político. De lo políticamente correcto. De la progresía hipócrita.
Si realmente fumar es tan perjudicial (que no lo dudo) ¿no sería más honesto prohibir el consumo de tabaco?, ¿Se imaginan ustedes que se sacaran a la venta para consumo humano refrescos con una pequeña dosis de lejía entre sus ingredientes y que las autoridades sanitarias permitieran su consumo al tiempo que obligasen a los fabricantes a colocar etiquetas con imágenes de estómagos perforados y esófagos quemados por el consumo de ese producto? Imagino que pensaríamos que nuestros gobernantes se habían vuelto locos y clamaríamos al cielo por su irresponsabilidad.
Algo así creo que está sucediendo con el tabaquismo. Pero claro, estamos hablando de un negocio de importantes beneficios. En el año 2005 el Estado ingresó la friolera de 7.569 millones de euros gracias al tabaco. Según datos de 2002 los gastos sanitarios ocasionados por el tabaquismo se fumaban el 80% de los ingresos procedentes de los cigarrillos. Es decir, que se cubren gastos y genera superávit.
Sólo de esta forma se puede entender el empeño de los gobernantes por reducir los espacios de consumo y alertarnos de las gravísimas consecuencias del tabaco mientras siguen permitiendo su consumo. Siguiendo con esta misma estrategia pediría a las cabezas pensantes del actual Gobierno que obligasen a los concesionarios de coches a lucir en sus fachadas imágenes de sangrientos accidentes de tráfico, a los vendedores de zapatos de tacón a mostrar en sus cajas fotografías de pies destrozados por el uso de este complemento y a las cadenas de comida basura a que colocasen en sus paredes murales de arterias repletas de grasa. Aunque sólo sea por mantener un poco la incoherencia.
Cadáveres a la espera de la autopsia, bocas y dientes ennegrecidos, pulmones colapsados o primeros planos de tumores serán la principal pincelada decorativa que lucirán los paquetes. Vaya, toda un homenaje al buen gusto.
No tengo muy claro qué es lo que aporta esta medida. Los fumadores saben (sabemos) de los efectos nocivos del tabaco. No es necesario que nos enseñen un tumor en el paquete para que sepamos que puede producir cáncer. Sin embargo, creo que se trata de una medida más del buenrollismo político. De lo políticamente correcto. De la progresía hipócrita.
Si realmente fumar es tan perjudicial (que no lo dudo) ¿no sería más honesto prohibir el consumo de tabaco?, ¿Se imaginan ustedes que se sacaran a la venta para consumo humano refrescos con una pequeña dosis de lejía entre sus ingredientes y que las autoridades sanitarias permitieran su consumo al tiempo que obligasen a los fabricantes a colocar etiquetas con imágenes de estómagos perforados y esófagos quemados por el consumo de ese producto? Imagino que pensaríamos que nuestros gobernantes se habían vuelto locos y clamaríamos al cielo por su irresponsabilidad.
Algo así creo que está sucediendo con el tabaquismo. Pero claro, estamos hablando de un negocio de importantes beneficios. En el año 2005 el Estado ingresó la friolera de 7.569 millones de euros gracias al tabaco. Según datos de 2002 los gastos sanitarios ocasionados por el tabaquismo se fumaban el 80% de los ingresos procedentes de los cigarrillos. Es decir, que se cubren gastos y genera superávit.
Sólo de esta forma se puede entender el empeño de los gobernantes por reducir los espacios de consumo y alertarnos de las gravísimas consecuencias del tabaco mientras siguen permitiendo su consumo. Siguiendo con esta misma estrategia pediría a las cabezas pensantes del actual Gobierno que obligasen a los concesionarios de coches a lucir en sus fachadas imágenes de sangrientos accidentes de tráfico, a los vendedores de zapatos de tacón a mostrar en sus cajas fotografías de pies destrozados por el uso de este complemento y a las cadenas de comida basura a que colocasen en sus paredes murales de arterias repletas de grasa. Aunque sólo sea por mantener un poco la incoherencia.
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