
Ríos de tinta han corrido desde que EA y la autodenominada Izquierda Abertzale “oficial” (Batasuna) firmaran el domingo en el Euskalduna el documento titulado “Bases de un acuerdo estratégico entre fuerzas políticas independentistas”, conocido también como el documento “Lortu arte”. Nadie. Absolutamente nadie ha quedado indiferente ante las 15 páginas de un escrito que viene a establecer los marcos en que se moverá la colaboración de ambas formaciones para lograr el objetivo común de “crear un estado vasco”.
El texto, en el que no se hace mención expresa a ETA, sí recoge, sin embargo que:
“Un proceso democrático que exige nuestro compromiso con el uso de vías exclusivamente políticas y democráticas y la defensa de todos los derechos humanos.
Así pues, es prioritario superar cuanto antes una realidad de múltiples violencias ofreciendo a la sociedad vasca un futuro sin sufrimiento y sin vulneración de derechos. Conscientes de que la resolución no será un camino fácil, es necesario empezar a dar pasos que deben materializarse desde ahora en compromisos concretos en la superación de toda violencia.
Consideramos, en ese sentido, que el proceso de diálogo multipartito debe desarrollarse en base a los “Principios Mitchell”, en particular en lo referente al:
- Compromiso exclusivo con las vías pacíficas y democráticas para
la resolución del conflicto.
- Compromiso con renunciar al uso de la violencia, y al rechazo a
todo intento por otros al uso de la fuerza, o la amenaza de usarla,
para intentar influir en el curso o el resultado de las
negociaciones multipartitos”
Parece pues que la prueba del algodón, al menos en el papel, es impecable. Cierto es que, si tal como anuncia el secretario general de EA, Pello Urizar, “la izquierda abertzale dará una respuesta firme en caso de atentado (de ETA)”, surge una duda: ¿por qué no se adelantan a los tiempos y censuran la violencia de ETA antes de que ésta pueda producirse y aquí paz y después gloria? Cabe pensar que los negociadores sabrán qué es lo que se esconde en la cocina y en los documentos no publicados y qué pasos están programados en el futuro próximo o a medio plazo….
En cualquier caso, sorprende la agresividad con que, desde algunas instancias, se ha respondido a la firma de este documento, hablando de la posibilidad incluso de ilegalizar EA. ¿Se astreverán a ilegalizar a una formación que cumple a rajatabla la Ley de Partidos, que siempre ha censurado la violencia, aunque en sus listas no haya gente “contaminada” procedente de Batasuna? Y es que desde el PP ya han dicho que, aunque las listas de EA sean “puras”, lo que está contaminado es el partido, por compartir los objetivos de Batasuna. ¿En qué quedamos? ¿No son ustedes los que dicen que en democracia se puede defender cualquier proyecto de forma pacífica? ¿Cómo puede entonces haber objetivos contaminados?.
Es más, una posible ilegalización de EA provocaría, por corrimiento, la necesidad de actuar contra la coalición Nafarroa Bai (de la que EA forma parte activa y cuyos militantes conformarán parte de las listas para las próximas elecciones). ¿Se atreverían a actuar contra NA-BAI?
Sorprenden también algunos comentarios de líderes del EAJ y, sobre todo, la visceralidad con que algunos simpatizantes y/o afiliados de esta formación han arremetido contra el acuerdo en determinados blogs y foros de Internet. ¿A qué tienen miedo?
Que PP y PSE teman que, de alguna manera, el compromiso firmado por las dos formaciones pueda hacer que, por ejemplo, la Izquierda Abertzale deje de pedir el voto nulo y pase a pedir un voto válido a otra formación abertzale entra dentro de la lógica, pues su esquema y proyecto de normalización-españolización de Euskadi duraría lo que un helado al sol de julio. Sin embargo, el pánico y desprecio con que se ataca el acuerdo desde las propias filas jeltzales es sorprendente, puesto que cualquier formación que defienda la creación de un estado vasco dentro del marco de la UE y que tenga como principal fin la igualdad y la justicia social debería estar, cuando menos, dispuesta a firmar dicho escrito. Un escrito en el que se recalca que, “en base al derecho que asiste a Euskal Herria para ser soberana, si así lo decidiera la mayoría de la ciudadanía vasca, nuestra actuación política irá encaminada al logro del Estado vasco”. ¿Acaso no estamos hablando del derecho a decidir que tanto reclamó Ibarretxe incansablemente?
Y es que, no deja de sorprender que EAJ, que en su día firmó el Pacto de Estella, ahora reproche a los demás (EA) que alcancen acuerdos con Batasuna antes de que ETA cierre la persiana. ¿Acaso había cierre de persiana en los tiempos de Lizarra-Garazi?. Es más, desde las filas jeltzales, parafraseando al ministro de Interior, se carga la responsabilidad última de la existencia o continuidad de ETA a la propia Batasuna. “Mientras ETA siga no hay nada que hacer”, vienen a resumir. Curioso, porque Aralar se desmarcó en su día de ETA, ETA siguió actuando y nadie reprochó a Aralar que la organización siguiera activa. ¿Por qué un alejamiento de ETA por parte de Batasuna no es suficiente entonces? ¿Distintas varas de medir?
Desde una óptica abertzale y progresista el documento Lortu arte sólo puede observarse en clave positiva, ya que es un primer paso para que ese sector social abertzale e izquierdista pueda tener una representación acorde con su peso social real. Es sólo el primer paso de un proceso que, por pura lógica, debería acabar con la atomización del voto abertzale de izquierdas (actualemte representado por cinco escaños, mucho menos de su peso social real) con la configuración de una unión de fuerzas (Batasuna+EA+Aralar+Alternatiba) que permita que el voto abertzale se concentre en dos grandes opciones: la formada por EAJ+H1! y la anteriormente citada.
En este sentido, y aunque Aralar lo califica de insuficiente y Patxi Zabaleta ha sido extraordinaria y sorprendentemente duro en su valoración, parece lógico que en un futuro cercano Aralar y Alternatiba puedan sumarse a este texto sin mayor problema, al igual que la mayoría sindical vasca que también parte de la premisa de que
“los actuales marcos jurídico-políticos están agotados, siendo imprescindible un cambio político sustentado en el reconocimiento nacional y respeto a la voluntad popular”.
De momento es un primer paso. Habrá que esperar. De momento, algo se mueve.
El texto, en el que no se hace mención expresa a ETA, sí recoge, sin embargo que:
“Un proceso democrático que exige nuestro compromiso con el uso de vías exclusivamente políticas y democráticas y la defensa de todos los derechos humanos.
Así pues, es prioritario superar cuanto antes una realidad de múltiples violencias ofreciendo a la sociedad vasca un futuro sin sufrimiento y sin vulneración de derechos. Conscientes de que la resolución no será un camino fácil, es necesario empezar a dar pasos que deben materializarse desde ahora en compromisos concretos en la superación de toda violencia.
Consideramos, en ese sentido, que el proceso de diálogo multipartito debe desarrollarse en base a los “Principios Mitchell”, en particular en lo referente al:
- Compromiso exclusivo con las vías pacíficas y democráticas para
la resolución del conflicto.
- Compromiso con renunciar al uso de la violencia, y al rechazo a
todo intento por otros al uso de la fuerza, o la amenaza de usarla,
para intentar influir en el curso o el resultado de las
negociaciones multipartitos”
Parece pues que la prueba del algodón, al menos en el papel, es impecable. Cierto es que, si tal como anuncia el secretario general de EA, Pello Urizar, “la izquierda abertzale dará una respuesta firme en caso de atentado (de ETA)”, surge una duda: ¿por qué no se adelantan a los tiempos y censuran la violencia de ETA antes de que ésta pueda producirse y aquí paz y después gloria? Cabe pensar que los negociadores sabrán qué es lo que se esconde en la cocina y en los documentos no publicados y qué pasos están programados en el futuro próximo o a medio plazo….
En cualquier caso, sorprende la agresividad con que, desde algunas instancias, se ha respondido a la firma de este documento, hablando de la posibilidad incluso de ilegalizar EA. ¿Se astreverán a ilegalizar a una formación que cumple a rajatabla la Ley de Partidos, que siempre ha censurado la violencia, aunque en sus listas no haya gente “contaminada” procedente de Batasuna? Y es que desde el PP ya han dicho que, aunque las listas de EA sean “puras”, lo que está contaminado es el partido, por compartir los objetivos de Batasuna. ¿En qué quedamos? ¿No son ustedes los que dicen que en democracia se puede defender cualquier proyecto de forma pacífica? ¿Cómo puede entonces haber objetivos contaminados?.
Es más, una posible ilegalización de EA provocaría, por corrimiento, la necesidad de actuar contra la coalición Nafarroa Bai (de la que EA forma parte activa y cuyos militantes conformarán parte de las listas para las próximas elecciones). ¿Se atreverían a actuar contra NA-BAI?
Sorprenden también algunos comentarios de líderes del EAJ y, sobre todo, la visceralidad con que algunos simpatizantes y/o afiliados de esta formación han arremetido contra el acuerdo en determinados blogs y foros de Internet. ¿A qué tienen miedo?
Que PP y PSE teman que, de alguna manera, el compromiso firmado por las dos formaciones pueda hacer que, por ejemplo, la Izquierda Abertzale deje de pedir el voto nulo y pase a pedir un voto válido a otra formación abertzale entra dentro de la lógica, pues su esquema y proyecto de normalización-españolización de Euskadi duraría lo que un helado al sol de julio. Sin embargo, el pánico y desprecio con que se ataca el acuerdo desde las propias filas jeltzales es sorprendente, puesto que cualquier formación que defienda la creación de un estado vasco dentro del marco de la UE y que tenga como principal fin la igualdad y la justicia social debería estar, cuando menos, dispuesta a firmar dicho escrito. Un escrito en el que se recalca que, “en base al derecho que asiste a Euskal Herria para ser soberana, si así lo decidiera la mayoría de la ciudadanía vasca, nuestra actuación política irá encaminada al logro del Estado vasco”. ¿Acaso no estamos hablando del derecho a decidir que tanto reclamó Ibarretxe incansablemente?
Y es que, no deja de sorprender que EAJ, que en su día firmó el Pacto de Estella, ahora reproche a los demás (EA) que alcancen acuerdos con Batasuna antes de que ETA cierre la persiana. ¿Acaso había cierre de persiana en los tiempos de Lizarra-Garazi?. Es más, desde las filas jeltzales, parafraseando al ministro de Interior, se carga la responsabilidad última de la existencia o continuidad de ETA a la propia Batasuna. “Mientras ETA siga no hay nada que hacer”, vienen a resumir. Curioso, porque Aralar se desmarcó en su día de ETA, ETA siguió actuando y nadie reprochó a Aralar que la organización siguiera activa. ¿Por qué un alejamiento de ETA por parte de Batasuna no es suficiente entonces? ¿Distintas varas de medir?
Desde una óptica abertzale y progresista el documento Lortu arte sólo puede observarse en clave positiva, ya que es un primer paso para que ese sector social abertzale e izquierdista pueda tener una representación acorde con su peso social real. Es sólo el primer paso de un proceso que, por pura lógica, debería acabar con la atomización del voto abertzale de izquierdas (actualemte representado por cinco escaños, mucho menos de su peso social real) con la configuración de una unión de fuerzas (Batasuna+EA+Aralar+Alternatiba) que permita que el voto abertzale se concentre en dos grandes opciones: la formada por EAJ+H1! y la anteriormente citada.
En este sentido, y aunque Aralar lo califica de insuficiente y Patxi Zabaleta ha sido extraordinaria y sorprendentemente duro en su valoración, parece lógico que en un futuro cercano Aralar y Alternatiba puedan sumarse a este texto sin mayor problema, al igual que la mayoría sindical vasca que también parte de la premisa de que
“los actuales marcos jurídico-políticos están agotados, siendo imprescindible un cambio político sustentado en el reconocimiento nacional y respeto a la voluntad popular”.
De momento es un primer paso. Habrá que esperar. De momento, algo se mueve.
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