
Alucinante. Tras recibir una carta de la BBK en la que se nos obliga a cambiar de marca de tarjeta sí o sí (y con la que dejan bien claro lo poco que les importa la opinión del cliente) me he puesto en contacto primero con la BBK, después con el Departamento de Consumo del GV, que a su vez me ha remitido al servicio de reclamaciones del Banco de España.
Tras contarles el caso me han sugerido que ponga una reclamación, aunque también me han aclarado que lo único que puedo conseguir es mantener mi actual tarjeta hasta fin de contrato (en vez de hasta agosto como indican en su carta con mucho colorín y su tipografía de qué buen rollo tenemos todos), después: a tragar. En resumen: nada que hacer. Está claro que algunos se limpian el forro con lo que piensan sus clientes. Al parecer anular la capacidad de elección de los usuarios es una buena manera de hacer negocio. Que vayan aprendiendo los gurús del marketing.
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